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lunes, 3 de noviembre de 2014

El Pepe de Totana

Queridos feriantes, si os soy sincero, no recuerdo muy bien el nombre del local en el que comí el pasado sábado. Simplemente lo conozco por el Pepe de Totana.

Antes de continuar, informar que Totana es un pequeño pueblo de la Región de Murcia, entre Lorca y Alhama, en el que celebran una semana santa bastante salvaje.
El pasado fin de semana estuve allí con mi chica y algunas de sus amigas de siempre. Y es que no hay nada más bonito para un feriante que tener un pueblo al que volver. Ahí donde están tus viejos camaradas de fechorías y andanzas de la temprana edad. Esa gente a la que ves poco, pero siempre llevas en el corazón. Las personas que a los cinco minutos del reencuentro ya te tratan como si os hubieseis visto ayer. Es maravilloso, de verdad.
El caso es que acabamos en un lugar de gran fama en la localidad, el Pepe. Este señor de humor voluble tiene un pequeño bar que regenta junto a su señora, la encargada de la cocina. Y si de algo sabe esa mujer, es de cocinar.
Hacía años que no probaba un solomillo de cerdo, hecho a la antigua, tan bueno y disfrutable. Un sabor exquisito que inunda el paladar y te deja sin sentido. Además, pedimos cazuelas de gambas y gulas, tortilla de champiñón y unos postres que quitan el sentido. Ese suflé de melocotón es una maravilla.
Lo cierto, queridos feriantes, es que más allá del peculiar carácter del Pepe, que ha tenido algún que otro encuentro poco amistoso con amigos y conocidos cercanos, su bar tiene todo el encanto de los pueblos de la zona. La comida es excelente y el ambiente, excepcional. Si encima vas acompañado de buena gente, como me sucedió a mí, el placer es indescriptible. No te lo puedes perder.
Solo me queda añadir la coletilla de rigor. Pasaos mañana, a ver qué pasa.

jueves, 2 de octubre de 2014

En defensa del comercio de barrio

Queridos feriantes, reconozco que siempre he sido más bien un tipo cómodo. Por ello, mi compra semanal, mensual o esporádica se reducía a una larga visita a una gran superficie y echar al carro todo cuanto necesitaba o me llamaba la atención.
Esta práctica, por suerte, está cambiando últimamente en mi vida. Desde que estoy conviviendo con mi chica, nos lanzamos cada semana al descubrimiento de esos pequeños negocios que llevan toda la vida subisistiendo en sus respectivos barrios o pueblos. Eso los que lo han conseguido, pues muchos han tenido que cerrar sus puertas por culpa de esta maldita crisis provocada por ricos y poderosos. Tanta paz lleven como la que dejan.
El caso es que ayer, paseando por el barrio de Vistalegre en Murcia, coincidimos una vez más en el Soriano, que tiene unos embutidos que son la leche. La cecina, el cabrales, el salchichón de pavo... todo una pasada.
Además, tuvimos la suerte de darnos casi de bruces con la carnicería Tomás, también en dicho barrio. Otra gozada. Si bien es cierto que no tiene gran variedad, es el típico comercio donde las señoras son llamadas por su nombre, tienen crédito y te tratan casi como si estuvieses en casa. Para colmo, nos ofrecieron unas hamburguesas barbacoa que deben ser, hoy por hoy, de lo mejor que he probado en esta tierra en lo respectivo a este producto.

Así pues, queridos feriantes, reivindico desde aquí los maravillosos comercios de pueblo, su defensa y su redescubrimiento. He dicho. Pasaos mañana, a ver qué pasa.