El hecho de ser feriante, queridos lectores, hace que no sólo te ocurran cosas curiosas a tí. Situaciones insólitas, compañías peculiares o noches intensas se mezclan con visiones de lo más espeluznante.
Acaba de pasar la Semana Santa, y como buen feriante, la calle ha sido mi primer hogar. Mi lugar de peregrinación, pasión y rezos. Pero para rezos, lo que vi, y vimos el pasado Viernes Santo.
Os pongo en situación. Una calle. La puerta de un bar. Y en un extremo la entrada de una tienda de fotografía. Cerrada, eso sí, pero todo iluminado.Ahí estoy yo con mi copa de cháchara con los colegas, en lo que miro hacia la luz... y luz es lo que ví, jajajaja.
Ahi se coloca un tipo con serios problemas de movilidad y motricidad, se saca su instrumento reproductor delante de toda la fachada iluminada y se pega como un minuto de meada feliz. Inmenso espectáculo. Y no contento con eso, tras un buen rato dejando el lago Ness en versión pipí, cuando se quiso acomodar un poco, vimos al susodicho elemento a punto de volcar. Como árbol que mueven vientos de 100 kilómetros por hora, estuvo a punto de besar su propia creación miccionadora. Por suerte, la pared se interpuso entre su inutilidad y el frío y mojado suelo.
Tras el maravilloso espectáculo ofrecido, el personaje, no si grandes esfuerzos, se subió su bragueta y se marchó orgulloso de su obra y del trabajo bien hecho.
¡Qué grande puede llegar a ser feriante!
Una forma de vida. O lo que es lo mismo, compartir las andanzas de dos caraduras simpáticos como mi colega y yo. Todo un disfrute para los sentidos. Espero que os guste tanto leerlo como a nosotros escribirlo. Besos y abrazos para todos.
domingo, 31 de marzo de 2013
domingo, 24 de febrero de 2013
Carnaval de vanidades
Queridos feriantes, hablemos del carnaval.
Personalmente, nunca he terminado de saber que disfrute ve la gente en pasarse una semana convertido en un ser humano transformista y desfigurado. ¿No salimos a diario disfrazados a la calle? Si no fuese así, estaríamos todo el día como nuestra santa madre nos trajo al mundo.
Pero no nos andemos por las ramas. El caso es que a mucha gente le encanta ser por un día o una noche alguien o algo distinto. Así pues, se puede disfrutar mucho un día de carnaval observando pintas de todo tipo. Adonis de pacotilla, bellezas olímpicas, ridículos estruendosos o auténticos creadores y líderes de opinión.
Por mi parte, como feriante que soy, y como humano amante del buen vivir y la buena fiesta, me adapto a las jornadas carnavalescas en su vertiente de ridículo estruendoso. Ya que voy a disfrazarme más aún de lo que suelo hacer a diario, ¡maldita sea, hagámoslo bien, a lo grande, divirtiendo y no dejando a nadie indiferente!
Aún así, queda pendiente mi duda. ¿Qué hay en la mente humana que nos hace tan proclives al transformismo? ¿Qué encontramos de divertido en ser quien no somos? Es obvio que algo hay, pues el carnaval goza de gran seguimiento y prestigio feriante.
Personalmente no estoy seguro de la respuesta, pero es de las pocas veces que me dejo llevar por la turba. Me disfrazo, hago un ridículo espantoso, y me lo paso de puta madre.
Personalmente, nunca he terminado de saber que disfrute ve la gente en pasarse una semana convertido en un ser humano transformista y desfigurado. ¿No salimos a diario disfrazados a la calle? Si no fuese así, estaríamos todo el día como nuestra santa madre nos trajo al mundo.
Pero no nos andemos por las ramas. El caso es que a mucha gente le encanta ser por un día o una noche alguien o algo distinto. Así pues, se puede disfrutar mucho un día de carnaval observando pintas de todo tipo. Adonis de pacotilla, bellezas olímpicas, ridículos estruendosos o auténticos creadores y líderes de opinión.
Por mi parte, como feriante que soy, y como humano amante del buen vivir y la buena fiesta, me adapto a las jornadas carnavalescas en su vertiente de ridículo estruendoso. Ya que voy a disfrazarme más aún de lo que suelo hacer a diario, ¡maldita sea, hagámoslo bien, a lo grande, divirtiendo y no dejando a nadie indiferente!
Aún así, queda pendiente mi duda. ¿Qué hay en la mente humana que nos hace tan proclives al transformismo? ¿Qué encontramos de divertido en ser quien no somos? Es obvio que algo hay, pues el carnaval goza de gran seguimiento y prestigio feriante.
Personalmente no estoy seguro de la respuesta, pero es de las pocas veces que me dejo llevar por la turba. Me disfrazo, hago un ridículo espantoso, y me lo paso de puta madre.
lunes, 11 de febrero de 2013
¿Cómo actuar?
Hace un tiempo, no demasiado, mis huesos caminaban por la noche madrileña. Debo decir que dichos huesos acabaron un pelín perjudicados.
En fin. Vayamos al grano. De repente, tristemente abandonado por mis compañeros de viaje por diferentes motivos, pero bien acompañado aún, me encontré mirando fijamente a una chica bastante mona. Yo, por supuesto, percibía una realidad algo distorsionada debido a la ingesta de una bebida dorada coronada por espuma. En mi mente todo era alegría y jolgorio...y bastante abstracción....hasta que una muchacha, armada con una educación y tacto opinable, se dirigió a mi para pedirme que dejase de mirar a su amiga.
El caso es que mi reacción fue lenta. Se me pasaron muchas opciones por la cabeza, pero ni mi estado de ánimo ni mi lucidez estaban por la labor ni de entrar en batalla ni de alargar aquello. Le dije que su amiga era muy atractiva, pero que obviamente no tenía ningún problema en dejar de mirarla. Le pregunté a la chica en cuestión, que tras un lapsus de duda, me dijo que prefería no ser observada. Ahí acabó la historia.
Ahora bien, queridos aspirantes a feriantes. Yo me pregunto... ¿por qué siempre es la amiga la que te pide estas cosas? ¿es envidia? ¿es timidez de la modelo observada? ¿es una actitud ya precocinada? ¿es una estrategia estudiada? ¿debí haber dado más guerra? ¿debí haber sido más borde? ¿más comprensivo? ¿menos descarado?
Esto es algo que puede pasar cuando te excedes con el líquido y dulce néctar de las bebidas divertidas. Y por eso me gusta tanto ser feriante. La vida no sería igual si estas pequeños momentos...
En fin. Vayamos al grano. De repente, tristemente abandonado por mis compañeros de viaje por diferentes motivos, pero bien acompañado aún, me encontré mirando fijamente a una chica bastante mona. Yo, por supuesto, percibía una realidad algo distorsionada debido a la ingesta de una bebida dorada coronada por espuma. En mi mente todo era alegría y jolgorio...y bastante abstracción....hasta que una muchacha, armada con una educación y tacto opinable, se dirigió a mi para pedirme que dejase de mirar a su amiga.
El caso es que mi reacción fue lenta. Se me pasaron muchas opciones por la cabeza, pero ni mi estado de ánimo ni mi lucidez estaban por la labor ni de entrar en batalla ni de alargar aquello. Le dije que su amiga era muy atractiva, pero que obviamente no tenía ningún problema en dejar de mirarla. Le pregunté a la chica en cuestión, que tras un lapsus de duda, me dijo que prefería no ser observada. Ahí acabó la historia.
Ahora bien, queridos aspirantes a feriantes. Yo me pregunto... ¿por qué siempre es la amiga la que te pide estas cosas? ¿es envidia? ¿es timidez de la modelo observada? ¿es una actitud ya precocinada? ¿es una estrategia estudiada? ¿debí haber dado más guerra? ¿debí haber sido más borde? ¿más comprensivo? ¿menos descarado?
Esto es algo que puede pasar cuando te excedes con el líquido y dulce néctar de las bebidas divertidas. Y por eso me gusta tanto ser feriante. La vida no sería igual si estas pequeños momentos...
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