Queridos feriantes, siempre da gusto volver a los locales que te vieron crecer y formarte como persona. Este fin de semana, mi retorno ha sido a la Cueva del Oso, un pequeño bar de tapas de Murcia, en la calle Alejandro Séiquer, que por suerte, no ha perdido un ápice de su encanto.
Hace ya muchos años que este feriante que suscribe estas palabras practicaba el deporte del fútbol sala. Con poco talento pero mucho ímpetu, salía todos los jueves a la cancha del centro deportivo Barnés para destrozar la estela de grandes como Paulo Roberto o Duda.
No obstante, lo bueno venía durante el tercer tiempo. Junto a mi compañero de fechorías de aquella época, cuyo nombre obviaré, pues ahora está en nobles cometidos que nada tienen que ver con aquello, pisábamos el suelo de La Cueva del Oso, siempre a punto de cerrar sus puertas, para llenar el buche después del partido.
Nunca olvidaré el “tomate partío con aceitunas”, los montaditos de huevo de codorniz o las brochetas de pollo. A ello hay que añadirle las tablas de queso y paté, los montaditos de solomillo o las excelentes hamburguesas y los sabrosos perritos calientes. Es decir, un lugar pequeño, acogedor, con un gran encanto y en el que, pese a los años que no entraba, aún se acordaban de este feriante agradecido.
Así que ya sabes. Si estás por Murcia y necesitas un buen sitio para cenar, no lo dudes y entra en este pequeño local con encanto y buena comida. Pero date prisa que no hay mucho espacio.
Por mi parte solo añadir un último comentario. Pasaos mañana, a ver qué pasa.
Una forma de vida. O lo que es lo mismo, compartir las andanzas de dos caraduras simpáticos como mi colega y yo. Todo un disfrute para los sentidos. Espero que os guste tanto leerlo como a nosotros escribirlo. Besos y abrazos para todos.
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lunes, 20 de octubre de 2014
martes, 30 de septiembre de 2014
Hamburguesas marranas
Queridos feriantes, aquí estamos un día más, lo cual considero una buena señal. Mientras hay movimiento, hay vida y esperanza, y eso es lo último que se debe perder. Ambas se deben ir juntas.
Vamos al asunto, que una vez más me voy por las ramas, como es habitual en mí. Hamburguesas marranas. El título es, como poco, provocador y un poquito agresivo. ¿A qué se debe? Muy sencillo. ¿No os ha pasado nunca que, tras un largo día de fiesta con amigos y colegas, te recoges muerto de hambre? ¿No habéis parado en el típico local de comida rápida abierto a las cuatro de la mañana en el que sirven kebabs, perritos, pizzas y hamburguesas grasientas? ¿No os han parecido de lo más apetitoso del mundo? ¿Una auténtica delicia por descubrir?
Pues a mí si me pasa. De hecho, este último fin de semana ya me encargué de dar buena cuenta junto con mi chica de unas cuantas de las que hacen la familia búlgara que regenta el Kiosko Real en Lorca.
Lo curioso es que luego me enteré que las hacen caseras. Y, realmente, están riquísimas. Las cosas como son. Tanto, que hasta mereció la pena aguantar al palizas del Antonio, el tipo que les quita las sillas, limpia y les echa una mano con el negocio, aunque no se yo esa mano haciando dónde va realmente.
Lo dicho, queridos feriantes. Si queréis reactivar el consumo en este país, disfrutad de lugares como el Don Homer y el Pizzerola en Murcia o el Kiosko Real en Lorca. Y hacedlo a altas horas de la noche, como debe ser. Aquí me despido. Pasaos mañana, a ver qué pasa.
Imagen cortesía de Marshall Astor, licencia CC BY-SA
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